La batalla de la angostura

TEMA LIBRE DE CONFLICTOS MILITARES EN EL MUNDO Y SUS HISTORIAS
MEXICANBANDIDO
SECRETARIO DE DEFENSA AEREA
Joined: 07 Apr 2003, 11:27

08 Apr 2003, 16:33 #1

cuando la invasion americana en Mexico hubo una batalla alla por Coahuila en un paraje conocido como "la angostura" donde segun tengo entendido el mismo Santa Anna comando esa batalla, tambien he leido en varios libros que esta batalla fue un claro ejemplo de lo que es una emboscada perfecta pero tambien como un misterio porque despues de controlada la batalla a favor de Mexico, Santa Anna mando la retirada.
alguien sabe mas de esto?

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30 Apr 2003, 02:15 #2

EN ESTA BATALLA MÉXICO IVA GANANDO, LOS GRINGOS TENIAN UN GRAN RESPETO AL EJERCITO MEXICANO POR TENER UN ASPECTO FEROS, LOS GRINGOS TEMIAN DEL AMANECER PUES SABIAN QUE PELIARIAN NUEVAMENTE CON EL EJERCITO MEXICANO, ¡HO SORPRESA!.... PARA LA MAÑANA EL EJERCITO MEXICANO SE HABIA RETIRADO.
SANTA ANNA SE SENTIA CONFIADO Y PENSO QUE CON ESO TENIAN LOS GRINGOS. PENSO QUE EL EJERCITO GRINGO AL VERSE CASI DERROTADO SE RETIRARIA EN ESTA OPURTINIDAD Q LE DA SANTA ANNA.
MURIENRON MAS MEXICANOS DE REGRESO A LA CAPITAL QUE EN LA BATALLA CON LOS GRINGOS, PUES SE MORIAN DE AMBRE, SED, DE LAS HERIDAS, DE CANSANCIO, ETC.
MUCHOS SE RETIRABAN DE LAS FILAS DEL EJERCITO DE MEXICO PUES CREIAN Q SANTA ANNA LE HABIA ARREBATADO LA VICTORIA DE SUS MANOS.
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05 May 2003, 17:20 #3

No se nada sobre esta batalla.
De la batalla que si se y se dio en fechas mas recientes a santana fue en la epoca de la revolucion.
Cuando los americanos estaban tras pancho villa en chihuahua y coahuila. Carranza les dijo que podian buscarlo pero no podian pasar cierto limite del territorio mexicano, pero los gringos no hicieron caso y se dio una batalla en carrizales (no se si sea chihuahua o coahuila)
Ahi ganaron las tropas mexicanas. Si quires mas informacion nomas digan

Saludos
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22 May 2003, 21:35 #4

Corría el mes de octubre del año de 1846. Santa Anna, nombrado comandante en jefe del ejército, llegó a San Luis el 14 de octubre al mando de 3 mil hombres. Ahí esperó a los que venían retirándose desde el norte (cerca de 4 mil más) y se dedicó a reorganizar al ejército. Pronto empezaron a llegar también grupos de soldados provenientes de varios estados de la república: Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Querétaro. Durante todo noviembre, diciembre y enero, la prioridad fue el tratar de preparar militarmente a la tropa.
No hay que olvidar que gran parte de los soldados habían sido reclutados a la fuerza, con el sistema de levas, "con el que sólo se consigue que en el momento de peligro se desbande y deserte (la gente) como ha sucedido varias veces en esta guerra" (hay que recordar que las frases entrecomilladas son de documentos de la época). Así fue que se intentaba dar instrucción militar a la vez que conseguir parque, artillería y equipo de guerra en general. "La desnudez en que venían los reemplazos y fuerzas auxiliares de los estados urgía también que se procurase su equipo." Pero ni las armas ni los equipos llegaron como se necesitaban. En la capital, que era de donde las tenían que mandar, estaban, para no perder la costumbre, en pleitos los liberales contra los conservadores y nadie se ponía de acuerdo para surtir eficazmente al ejército.
Mientras tanto, los gringos, que tenían la mayor parte de sus columnas invasoras acampando en Monterrey y Saltillo, decidieron cambiar su táctica de ataque. Pensaban que si seguían avanzando desde el norte, cada vez les sería más difícil mantener su línea de abastecimiento, además de que en el centro del país, con ciudades más pobladas, mayores peligros afrontarían sus tropas que fueran quedando a la retaguardia. Así es que deciden cambiar el plan de ataque y concentrar sus esfuerzos en un frente oriental, para lo cual tendrían que tomar Veracruz y desde ahí avanzar sobre la capital, dejando como base de retaguardia y centro de aprovisionamiento al puerto y a las tropas del norte a la defensiva.
Para cumplir su nuevo plan, Taylor, que estaba en Saltillo, tenía que llevar a gran parte de su gente hacia el Golfo para embarcarlos en la escuadra que atacaría Veracruz. Dos problemas se le presentaban a los yanquis: el primero, conseguir un puerto que les sirviera como base de operaciones, bodega de víveres y municiones y centro hospitalario para los posibles heridos en la invasión de Veracruz. Tal puerto era Tampico, que todavía estaba en poder de los nuestros. El segundo problema era que las tropas de Taylor tendrían que cruzar la Sierra Madre Oriental para llegar hasta el Golfo, y en ese camino podrían ser atacados con ventaja por parte de los mexicanos. Ni ellos mismos se esperaban la gran ayuda que les caería del cielo para resolver ambos problemas: Santa Anna.
En primer lugar, Santa Anna "El Cojo" mandó desocupar Tampico, sin pelear siquiera, a pesar de que el puerto estaba defendido por 3 mil soldados (incluyendo los voluntarios civiles), 25 cañones de todos los tamaños y 3 barcos de guerra. Al saberse la orden de evacuación, "el pueblo todo, los soldados mismos empezaron a murmurar y de las murmuraciones se pasó hasta proferir la voz de traición..." También los comerciantes, los cónsules extranjeros y hasta el gobernador protestaron ante la orden. Pero Santa Anna siguió con lo mismo: evacuar. Así, se demolieron las defensas y se perdió gran parte de lo que existía en armas y municiones, pues era imposible llevárselo todo y subir la sierra con tanto equipo artillado. "Para la conducción del parque y trenes, sólo se consiguieron 300 mulas y como era imposible cargar con todo... algún parque y armamento fueron arrojados al agua a la vista del pueblo mismo, que con esto juzgaba afirmada su sospecha de traición." Así fue que el 10 de noviembre llegaron los gringos y tranquilamente tomaron Tampico. Su primer problema estaba resuelto.
Al saber Taylor que Tampico ya estaba ocupado por sus paisanos, empezó a mover hacia allí 3 mil de sus hombres. Un largo y peligroso camino a través de la sierra. Santa Anna, al ser informado de los movimientos, manda una división de 2 mil hombres al mando del general Valencia hacia Tula de Tamaulipas, enclavado en la sierra, para que vigilara al enemigo. Si señor, nada más para que vigilara. Ya en la sierra, Valencia escribe a Santa Anna pidiéndole autorización para atacar a los yanquis.
Santa Anna la niega. Valencia insiste en que por lo menos lo deje atacar utilizando guerrillas, pues gracias a las condiciones del terreno les podían causar varias bajas a los yanquis, si no es que destruirlos por completo. Santa Anna contesta relevándolo del mando y enviándolo a Guanajuato. Los gringos cruzan tranquilamente la sierra, eso sí, bien vigilados, sin ser saludados por ninguna bala mexicana, y llegan hasta Tampico.
El teatro de operaciones apuntaba cada vez más hacia el frente oriental, entrando por Veracruz y Santa Anna y Cia., sin enterarse. Y lo mismo la prensa y los políticos de la ciudad de México, que urgían constantemente al ejército estacionado en San Luis a que atacara a los gringos en Saltillo, como si ahí fuera a decidirse todo.
Pues bien, resulta que Santa Anna decide moverse, sin haber terminado la instrucción de las tropas, casi sin abrigos, sin víveres y armamento, sale rumbo al norte el 28 de enero de 1847. "El frío, la lluvia, el norte y un sol terrible alternaban, causando enfermedades y muertes en comarcas en que no había habitaciones, árboles, víveres ni agua..." Una brigada de caballería, que iba a la vanguardia al mando del general Miñón, había logrado capturar en los alrededores de Saltillo a más de un centenar de soldados yanquis. Esa fue la única buena noticia que se tuvo por aquellos días. El grueso del ejército, mientras tanto, llegó a su objetivo casi un mes después de haber salido de San Luis. El 20 de febrero se reunieron en la hacienda de La Encarnación y se pasó lista a la tropa: 14 mil hombres, 4 mil habían quedado en el camino, entre muertos, enfermos, agotados y desertores.
Taylor a su vez, se hallaba en la hacienda de Agua Nueva. Hacia allí avanzó Santa Anna el día 22, pero Taylor se retiró un día antes hacia Saltillo, quedándose en una garganta de la Sierra Madre, llamada La Angostura, en donde se fortificó dispuesto a esperar a los mexicanos. Santa Anna pensó que los gringos huían de miedo ante su avance, por lo que mandó a la caballería, sin descansar ni tomar agua siquiera, a que los persiguieran. En La Angostura "empezaban dos series sucesivas de lomas y barrancas, que constituían una posición verdaderamente formidable. Cada loma estaba defendida por una batería cuyos fuegos cruzados debían batir terriblemente el camino y sus flancos, por los cuales tendría que llevarse indefectiblemente el asalto de nuestras columnas." Hasta ahí llegó la caballería, que por supuesto fue recibida a tiros. Santa Anna mandó entonces apresurar el paso de la infantería. "La fatiga mató a varios soldados que quedaron tendidos en el camino... Santa Anna tendió su ejército sobre la derecha del camino, frente a la izquierda enemiga." Un alto cerro en el extremo izquierdo norteamericano, desde donde se podía cañonear a los yanquis, por descuido de éstos no había sido fortificado, por lo que santa Anna manda a la Brigada Ligera a tomarlo. En ese mismo momento, los gringos se dieron cuenta de su descuido y también mandaron a un cuerpo de rifleros a tomar el cerro. "Hubo que disputárselo con un fuego vivísimo que se entabló a la vista de ambos ejércitos". Por fin, cayendo la tarde, los gringos se retiraron ante las porras y los gritos de victoria de los mexicanos.
Aguacero, el ejército mexicano había logrado ganar una loma estratégica en La Angostura, lo que había provocado una retirada temporal del ejército gringo, sin embargo, la noche la pasaron los ejércitos uno frente al otro, a obscuras, sin prender siquiera una fogata, con "un frío espantoso". El día siguiente se esperaba con impaciencia. De un lado, los nuestros: 9 mil agotados soldados, 3 mil de caballería y una docena de cañones. Del otro lado, 7 mil soldados yanquis con 26 piezas de artillería y abundante parque, esperando descansados y bien fortificados.
Amaneció el día 23. Antes de que en el campo se distribuyera el rancho, empezaron los tiros. Ni modo, a pelear con la tripa vacía. "Ya trepan nuestros soldados en la loma, cargando a la bayoneta; ya descienden a la barranca, revueltos con los enemigos; ahora suben de nuevo sin dejar de combatir; luego vuelven a precipitarse de arriba abajo, como una avalancha y así pierden o ganan terreno y así perecen los más distinguidos. Y así, por fin, quedan dueñas del terreno ganado a costa de esfuerzos heroicos." Pero los gringos, sacados de una loma, se atrincheraban en la siguiente. Había que volver a cargar. "Nuestra tropa avanza ordenadamente: la batería del general Micheltorena, única que jugaba por nuestra parte, destroza a los contrarios; se llega a la bayoneta, batiéndose los soldados cuerpo a cuerpo; por segunda vez nuestros valientes vencen, los americanos se repliegan a la loma inmediata, dejándonos por trofeo uno de sus cañones y tres banderas. La Brigada Ligera, cuya misión debía haber sido batir el flanco oriental de Taylor, cooperando al ataque de frente, arrastrada por el entusiasmo de su triunfo, después de haber puesto en fuga a las ropas de la columna norteamericana, avanzó rápidamente a su vanguardia, rebasando las líneas de su contrario y fue a caer a su extrema retaguardia sobre la hacienda de Buenavista, donde se le hizo terrible resistencia que no se pudo vencer por falta de artillería... Si en esta empresa hubiesen ayudado los escuadrones del general Miñón, que debían estar en algún punto cercano, se habría tomado la hacienda y caído luego sobre la espalda del enemigo, precipitando su derrota. Pero aquella caballería de refresco aquella caballería salvadora que era el triunfo seguro y completo de las armas mexicanas, no estaba próxima como era su deber; no sabemos aún si por ineptitud, envidia o cobardía de su jefe, el general Miñón."
Veamos ahora algunos testimonios de acciones valientes de los nuestros durante la batalla: "En uno de los combates que sostuvo la caballería mexicana a retaguardia de las posiciones contrarias con las reservas de Taylor, el comandante de escuadrón del regimiento de Húsares, Juan Luyando, iba a pasar con su lanza a un riflero; pero éste cayó de rodillas y pidió gracia en un tono patético. El jinete compadecido lo dejó atrás, pasando él delante, más al momento el agraciado se levantó y apuntando al que le debía la vida le hizo fuego con su rifle. El compasivo Luyando cayó muerto. Esta infamia exacerbó el furor de nuestros soldados que vengaron debidamente a su comandante. Después del aguacero que cayó en la tarde y dio tregua algún tiempo a la lucha se vio salir de una de las barrancas, hacia el camino, un hombre a caballo, en traje de paisano, que a todo galope se dirigía hacia las posiciones enemigas marcando su dirección rumbo a la batería que hacía fuego a la nuestra. Se creyó de pronto que sería algún explorador del enemigo que volvía a incorporarse a su campo. Viósele llegar ante sus cañones y allí, rápido, lanzar al aire su reata que revoleó, tendiendo el lazo hacia el centro de la batería, más no habiendo prendido, volvió grupas y regresó a toda brida hacia la línea mexicana, bajo una lluvia de balas que le enviaron los tiradores enemigos, quienes habían permanecido estupefactos ante semejante audacia. ¿Quién era aquel hombre? Pronto se supo, cuando volvió a las líneas. Era un antiguo insurgente, llamado Villareal. El viejo Villareal, buen charro y que en la guerra de independencia había lazado españoles, contó que había querido ir a traerse un yanqui prendido en la punta de su reata, para no quedar sin hacer algo en aquel gran día."
"Después del segundo combate que sería entre las diez y las once del día, cayó una ligera llovizna; los soldados toman algún respiro y a las doce vuelven a marchar de nuevo sobre las posiciones del enemigo... De nuevo se empeña la refriega, por ambos lados se multiplican los muertos y heridos, ninguno cede; el combate se prolonga por horas enteras y sólo al cabo de inauditos esfuerzos es cuando se logra acorralar al enemigo hasta su última posición... En aquellos instantes se suelta un fuerte aguacero; las tropas, muertas de cansancio, se detienen, la batalla ha cesado; la carga que acababa de dar, fue el postrer empuje de nuestras fuerzas. Uno y otro beligerante quedó inmóvil y silencioso bajo la inmensa oscuridad helada que envolvió el campo de batalla."
Había sido una terrible lucha. De nuestro lado tuvimos 694 muertos, mil 39 heridos y casi 300 prisioneros. Los gringos tuvieron 267 muertos y 456 heridos. Sobre todo, su artillería había destrozado a las columnas mexicanas. Ya sólo faltaba el último empujón, el esfuerzo final para acabar de una vez por todas con los invasores, atrincherados en su última defensa. Y Santa Anna, por ineptitud y cobardía, decide... ¡retirarse!. "Después de tan terrible jornada, nuestras tropas permanecieron sobre el campo conquistado al enemigo... Aunque todos comprendían que tendría que darse otra batalla para destruir por completo al adversario, arrojándole hacia el norte, después de escarmentarle enérgicamente, y aunque se esperaba que hiciera tenaz resistencia, había en nuestras filas el suficiente ánimo y la más completa resolución para batirse con el mismo denuedo con que habían peleado el día 23. Más cual sería la sorpresa, la cólera, la indignación, la amargura de todo el ejército al saber la orden de emprender violenta retirada en plena noche, después de los horrores y triunfos del día... entonces la abominable voz ¡traición! fue cuchicheada, murmurada, gritada, escupida en las sombras..."
"La retirada empezó a las 7 de la noche, partiendo primero los trenes y la artillería y en seguida la efectuaron los diversos batallones del ejército, descendiendo lentamente las lomas que con tantos esfuerzos y al precio de tanta sangre se habían conquistado." Cientos de heridos quedaron abandonados a su suerte sobre el campo de batalla. La desmoralización, el enfado y el desorden reinaban por todas partes. Durante dos días quedaron las tropas acampadas y el día 26 se emprendió la contramarcha, a través del desierto, hacia San Luis. "Después de quince jornadas en que el ejército fue regando el camino de enfermos, heridos, desertores y muertos, después de angustiosos días de fatiga, tristeza y desaliento, se llegó a aquella ciudad."
Pues bien, mientras los mandos mexicanos echaban toda la carne al asador por el lado de La Angostura, los gringos preparaban afanosamente su plan de ataque oriental, el cual tenía por objetivo tomar la ciudad de México avanzando, al igual que lo hiciera Cortés 300 años antes, desde la costa de Veracruz. Desde fines de 1845 estaban en aguas veracruzanas algunos barcos de la escuadra naval del Golfo, de los yanquis, como esperando algo. Cuando empezó formalmente la guerra en mayo de 1846, el bloqueo al puerto, por mar, empezó a ser efectivo con 2 fragatas, 3 corbetas, 2 vapores, 5 bergantines y una goleta. De tan pintorescos nombres, lo que nos queda claro es que los gringos usaron 13 barcos de guerra, de distintos tamaños, para dejar bloqueado al puerto de Veracruz. Si recordamos que por aquí entraba casi todo el comercio exterior, y por lo tanto los impuestos que éste dejaba, comprenderemos entonces lo que le dolía al gobierno mexicano la puntada yanqui.
Desde un principio, los intentos de desembarco en el Golfo, por parte de los gringos, fueron varios. Como también fueron varias las veces que los costeños los rechazaron. En agosto de 1846 lo intentaron en Alvarado, pero los recibieron a cañonazos, impidiéndoles así el desembarco. Días después lo intentaron en San Juan Bautista (hoy Villahermosa), tratando de entrar por el Grijalva, pero también fueron rechazados. Hasta que Santa Anna les cedió Tampico (reléase números pasados)
Por fin, el 8 de febrero de 1847, los habitantes del puerto de Veracruz vieron más de cerca algunos barcos de la escuadra de asalto del general Scott. El peligro era inminente, la ciudad sin duda iba a ser atacada y no había ni las municiones de guerra suficientes para la defensa, ni unas hilas, n una venda para restañar la sangre de los valientes que cayesen heridos. El comandante de ingenieros, Manuel Robles, empezó, leyó bien compañero lector, ya con el enemigo en la puerta, empezó a fortificar la plaza, con la ayuda de todo el pueblo.
Así, mientras el grueso del ejército mexicano andaba por san Luis y los habitantes de Veracruz preparándose noche y día para la defensa, en la ciudad de México era el desorden absoluto. Tomando un diario de la capital de esas fechas, podríamos leer lo siguiente: 12 de enero de 1847. Después de tres días de sesión permanente, el día 10 la Cámara de Diputados resolvió positivamente la ocupación de los bienes del clero...Las penurias de la hacienda pública, la necesidad de hacer frente a las exigencias de la guerra con los Estados Unidos, la imposibilidad de obtener recursos pecuniarios sin el apoyo del clero y la constante negativa de éste para colaborar en la resolución del problema, obligaron al Congreso a intervenir los bienes de manos muertas a través de su venta o hipoteca... Las autoridades se preparan para hacer frente a las manifestaciones de descontento que genere el decreto y aún a presiones mayores, en caso de que tengan lugar...
Pues bien, "las presiones mayores" fueron ni más ni menos que el levantamiento armado. El clero, sintiéndose amenazado con el gobierno del vicepresidente Gómez Farías y las leyes que éste dictaba para conseguir dinero, buscó el apoyo de la clase acomodada de la ciudad, la cual se encontraba organizada alrededor de los cuerpos de la Guardia Nacional, especie de milicias que servían para apoyar al ejército profesional, a las que se conocía popularmente con el nombre de "polkos". Gómez Farías ordenó a los polkos que partieran hacia Veracruz, pero estos pensaron, y no sin razón, que era una maniobra para alejarlos de la capital, por lo que en lugar de salir a pelear contra los gringos, se levantaron en armas contra el gobierno. Los regimientos titulados con ese nombre eran dos: el primero se llamaba Victoria, o los verdaderos polkos; éste se componía de la gente más rica, de la nobleza de pergaminos colorados y verdes, descendientes de España, y de los fanáticos. Estos caballeros se presentaban con el mayor lujo posible, teniendo que llevar u cargador para que les conduciera su fusil al cuartel. Usaban guantes para no lastimarse las manos con las armas de munición. Se peinaban a la romántica, con rizos, raya partida, pomadas, etc.; jamás habíamos visto un regimiento tan elegante. El segundo regimiento era el Hidalgo... éste lo componían casi todos los empleados del gobierno general. El regimiento de Independencia era casi exclusivamente de los artesanos de la capital, los cuales sirvieron para hacer el pronunciamiento.
El día 27 de enero se alzaron, tomando varios puntos de la ciudad. Ambos partidos comenzaron a levantar sus trincheras y fortificaciones y la mitad de la ciudad se preparó para luchar contra la otra mitad, mientras el ejército caminaba por remotos desiertos en busca del enemigo y los veracruzanos esperaban de un momento a otro ver en el horizonte las velas de las naves enemigas. Así, ambos bandos se la pasaron a tiros y cañonazos, haciéndole más daño a la población civil que entre ellos mismos, que estaban bien fortificados. Así se pasaron todo el mes de febrero y principios de marzo hasta que llegó Santa Anna y con regaños y componendas calmó la situación.
Veracruz, mientras tanto, sin tropas, sin municiones, sin recursos pecuniarios, abandonada de la República toda, se decidía a sucumbir luchando, antes que dar un triste ejemplo de cobardía.
Scott formó su fuerza de invasión con aproximadamente 100 embarcaciones, preparadas para acomodar a bordo a 13 mil hombres con todo su equipo, ganado y material de guerra. Los yanquis decidieron desembarcar en la playa del collado, como a tres kilómetros de Veracruz. El 9 de marzo, los gringos comenzaron lo que sería el primer desembarco naval de su historia. A las 10 de la noche, ya habían desembarcado cerca de 12 mil hombres, sin ninguna resistencia por parte de los mexicanos, pues éstos no tenían la fuerza suficiente para pelear fuera de la ciudad. Desde ahí, los yanquis comenzaron a rodear la ciudad y a colocar sus baterías de artillería contra ésta. Fue preciso dejarlo aprovechar algunas posiciones por la falta de tropa con que sostener las fortificaciones que se habían ideado para impedirlo. Las guerrillas hacían fuego en esos momentos y algunos de los enemigos mordieron el polvo de la tierra que pretendían hollar con su pie orgulloso.
ALEX MARTINEZ (BANDIDO)
ORGULLOSAMENTE TEAM AZTEC
P.D.
Felicidades por hacer tu sueño realidad a echarle ganas y no dejar morir la pagina.
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Guest

22 May 2003, 21:51 #5

Corría el mes de octubre del año de 1846. Santa Anna, nombrado comandante en jefe del ejército, llegó a San Luis el 14 de octubre al mando de 3 mil hombres. Ahí esperó a los que venían retirándose desde el norte (cerca de 4 mil más) y se dedicó a reorganizar al ejército. Pronto empezaron a llegar también grupos de soldados provenientes de varios estados de la república: Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Querétaro. Durante todo noviembre, diciembre y enero, la prioridad fue el tratar de preparar militarmente a la tropa.
No hay que olvidar que gran parte de los soldados habían sido reclutados a la fuerza, con el sistema de levas, "con el que sólo se consigue que en el momento de peligro se desbande y deserte (la gente) como ha sucedido varias veces en esta guerra" (hay que recordar que las frases entrecomilladas son de documentos de la época). Así fue que se intentaba dar instrucción militar a la vez que conseguir parque, artillería y equipo de guerra en general. "La desnudez en que venían los reemplazos y fuerzas auxiliares de los estados urgía también que se procurase su equipo." Pero ni las armas ni los equipos llegaron como se necesitaban. En la capital, que era de donde las tenían que mandar, estaban, para no perder la costumbre, en pleitos los liberales contra los conservadores y nadie se ponía de acuerdo para surtir eficazmente al ejército.
Mientras tanto, los gringos, que tenían la mayor parte de sus columnas invasoras acampando en Monterrey y Saltillo, decidieron cambiar su táctica de ataque. Pensaban que si seguían avanzando desde el norte, cada vez les sería más difícil mantener su línea de abastecimiento, además de que en el centro del país, con ciudades más pobladas, mayores peligros afrontarían sus tropas que fueran quedando a la retaguardia. Así es que deciden cambiar el plan de ataque y concentrar sus esfuerzos en un frente oriental, para lo cual tendrían que tomar Veracruz y desde ahí avanzar sobre la capital, dejando como base de retaguardia y centro de aprovisionamiento al puerto y a las tropas del norte a la defensiva.
Para cumplir su nuevo plan, Taylor, que estaba en Saltillo, tenía que llevar a gran parte de su gente hacia el Golfo para embarcarlos en la escuadra que atacaría Veracruz. Dos problemas se le presentaban a los yanquis: el primero, conseguir un puerto que les sirviera como base de operaciones, bodega de víveres y municiones y centro hospitalario para los posibles heridos en la invasión de Veracruz. Tal puerto era Tampico, que todavía estaba en poder de los nuestros. El segundo problema era que las tropas de Taylor tendrían que cruzar la Sierra Madre Oriental para llegar hasta el Golfo, y en ese camino podrían ser atacados con ventaja por parte de los mexicanos. Ni ellos mismos se esperaban la gran ayuda que les caería del cielo para resolver ambos problemas: Santa Anna.
En primer lugar, Santa Anna "El Cojo" mandó desocupar Tampico, sin pelear siquiera, a pesar de que el puerto estaba defendido por 3 mil soldados (incluyendo los voluntarios civiles), 25 cañones de todos los tamaños y 3 barcos de guerra. Al saberse la orden de evacuación, "el pueblo todo, los soldados mismos empezaron a murmurar y de las murmuraciones se pasó hasta proferir la voz de traición..." También los comerciantes, los cónsules extranjeros y hasta el gobernador protestaron ante la orden. Pero Santa Anna siguió con lo mismo: evacuar. Así, se demolieron las defensas y se perdió gran parte de lo que existía en armas y municiones, pues era imposible llevárselo todo y subir la sierra con tanto equipo artillado. "Para la conducción del parque y trenes, sólo se consiguieron 300 mulas y como era imposible cargar con todo... algún parque y armamento fueron arrojados al agua a la vista del pueblo mismo, que con esto juzgaba afirmada su sospecha de traición." Así fue que el 10 de noviembre llegaron los gringos y tranquilamente tomaron Tampico. Su primer problema estaba resuelto.
Al saber Taylor que Tampico ya estaba ocupado por sus paisanos, empezó a mover hacia allí 3 mil de sus hombres. Un largo y peligroso camino a través de la sierra. Santa Anna, al ser informado de los movimientos, manda una división de 2 mil hombres al mando del general Valencia hacia Tula de Tamaulipas, enclavado en la sierra, para que vigilara al enemigo. Si señor, nada más para que vigilara. Ya en la sierra, Valencia escribe a Santa Anna pidiéndole autorización para atacar a los yanquis.
Santa Anna la niega. Valencia insiste en que por lo menos lo deje atacar utilizando guerrillas, pues gracias a las condiciones del terreno les podían causar varias bajas a los yanquis, si no es que destruirlos por completo. Santa Anna contesta relevándolo del mando y enviándolo a Guanajuato. Los gringos cruzan tranquilamente la sierra, eso sí, bien vigilados, sin ser saludados por ninguna bala mexicana, y llegan hasta Tampico.
El teatro de operaciones apuntaba cada vez más hacia el frente oriental, entrando por Veracruz y Santa Anna y Cia., sin enterarse. Y lo mismo la prensa y los políticos de la ciudad de México, que urgían constantemente al ejército estacionado en San Luis a que atacara a los gringos en Saltillo, como si ahí fuera a decidirse todo.
Pues bien, resulta que Santa Anna decide moverse, sin haber terminado la instrucción de las tropas, casi sin abrigos, sin víveres y armamento, sale rumbo al norte el 28 de enero de 1847. "El frío, la lluvia, el norte y un sol terrible alternaban, causando enfermedades y muertes en comarcas en que no había habitaciones, árboles, víveres ni agua..." Una brigada de caballería, que iba a la vanguardia al mando del general Miñón, había logrado capturar en los alrededores de Saltillo a más de un centenar de soldados yanquis. Esa fue la única buena noticia que se tuvo por aquellos días. El grueso del ejército, mientras tanto, llegó a su objetivo casi un mes después de haber salido de San Luis. El 20 de febrero se reunieron en la hacienda de La Encarnación y se pasó lista a la tropa: 14 mil hombres, 4 mil habían quedado en el camino, entre muertos, enfermos, agotados y desertores.
Taylor a su vez, se hallaba en la hacienda de Agua Nueva. Hacia allí avanzó Santa Anna el día 22, pero Taylor se retiró un día antes hacia Saltillo, quedándose en una garganta de la Sierra Madre, llamada La Angostura, en donde se fortificó dispuesto a esperar a los mexicanos. Santa Anna pensó que los gringos huían de miedo ante su avance, por lo que mandó a la caballería, sin descansar ni tomar agua siquiera, a que los persiguieran. En La Angostura "empezaban dos series sucesivas de lomas y barrancas, que constituían una posición verdaderamente formidable. Cada loma estaba defendida por una batería cuyos fuegos cruzados debían batir terriblemente el camino y sus flancos, por los cuales tendría que llevarse indefectiblemente el asalto de nuestras columnas." Hasta ahí llegó la caballería, que por supuesto fue recibida a tiros. Santa Anna mandó entonces apresurar el paso de la infantería. "La fatiga mató a varios soldados que quedaron tendidos en el camino... Santa Anna tendió su ejército sobre la derecha del camino, frente a la izquierda enemiga." Un alto cerro en el extremo izquierdo norteamericano, desde donde se podía cañonear a los yanquis, por descuido de éstos no había sido fortificado, por lo que santa Anna manda a la Brigada Ligera a tomarlo. En ese mismo momento, los gringos se dieron cuenta de su descuido y también mandaron a un cuerpo de rifleros a tomar el cerro. "Hubo que disputárselo con un fuego vivísimo que se entabló a la vista de ambos ejércitos". Por fin, cayendo la tarde, los gringos se retiraron ante las porras y los gritos de victoria de los mexicanos.
Aguacero, el ejército mexicano había logrado ganar una loma estratégica en La Angostura, lo que había provocado una retirada temporal del ejército gringo, sin embargo, la noche la pasaron los ejércitos uno frente al otro, a obscuras, sin prender siquiera una fogata, con "un frío espantoso". El día siguiente se esperaba con impaciencia. De un lado, los nuestros: 9 mil agotados soldados, 3 mil de caballería y una docena de cañones. Del otro lado, 7 mil soldados yanquis con 26 piezas de artillería y abundante parque, esperando descansados y bien fortificados.
Amaneció el día 23. Antes de que en el campo se distribuyera el rancho, empezaron los tiros. Ni modo, a pelear con la tripa vacía. "Ya trepan nuestros soldados en la loma, cargando a la bayoneta; ya descienden a la barranca, revueltos con los enemigos; ahora suben de nuevo sin dejar de combatir; luego vuelven a precipitarse de arriba abajo, como una avalancha y así pierden o ganan terreno y así perecen los más distinguidos. Y así, por fin, quedan dueñas del terreno ganado a costa de esfuerzos heroicos." Pero los gringos, sacados de una loma, se atrincheraban en la siguiente. Había que volver a cargar. "Nuestra tropa avanza ordenadamente: la batería del general Micheltorena, única que jugaba por nuestra parte, destroza a los contrarios; se llega a la bayoneta, batiéndose los soldados cuerpo a cuerpo; por segunda vez nuestros valientes vencen, los americanos se repliegan a la loma inmediata, dejándonos por trofeo uno de sus cañones y tres banderas. La Brigada Ligera, cuya misión debía haber sido batir el flanco oriental de Taylor, cooperando al ataque de frente, arrastrada por el entusiasmo de su triunfo, después de haber puesto en fuga a las ropas de la columna norteamericana, avanzó rápidamente a su vanguardia, rebasando las líneas de su contrario y fue a caer a su extrema retaguardia sobre la hacienda de Buenavista, donde se le hizo terrible resistencia que no se pudo vencer por falta de artillería... Si en esta empresa hubiesen ayudado los escuadrones del general Miñón, que debían estar en algún punto cercano, se habría tomado la hacienda y caído luego sobre la espalda del enemigo, precipitando su derrota. Pero aquella caballería de refresco aquella caballería salvadora que era el triunfo seguro y completo de las armas mexicanas, no estaba próxima como era su deber; no sabemos aún si por ineptitud, envidia o cobardía de su jefe, el general Miñón."
Veamos ahora algunos testimonios de acciones valientes de los nuestros durante la batalla: "En uno de los combates que sostuvo la caballería mexicana a retaguardia de las posiciones contrarias con las reservas de Taylor, el comandante de escuadrón del regimiento de Húsares, Juan Luyando, iba a pasar con su lanza a un riflero; pero éste cayó de rodillas y pidió gracia en un tono patético. El jinete compadecido lo dejó atrás, pasando él delante, más al momento el agraciado se levantó y apuntando al que le debía la vida le hizo fuego con su rifle. El compasivo Luyando cayó muerto. Esta infamia exacerbó el furor de nuestros soldados que vengaron debidamente a su comandante. Después del aguacero que cayó en la tarde y dio tregua algún tiempo a la lucha se vio salir de una de las barrancas, hacia el camino, un hombre a caballo, en traje de paisano, que a todo galope se dirigía hacia las posiciones enemigas marcando su dirección rumbo a la batería que hacía fuego a la nuestra. Se creyó de pronto que sería algún explorador del enemigo que volvía a incorporarse a su campo. Viósele llegar ante sus cañones y allí, rápido, lanzar al aire su reata que revoleó, tendiendo el lazo hacia el centro de la batería, más no habiendo prendido, volvió grupas y regresó a toda brida hacia la línea mexicana, bajo una lluvia de balas que le enviaron los tiradores enemigos, quienes habían permanecido estupefactos ante semejante audacia. ¿Quién era aquel hombre? Pronto se supo, cuando volvió a las líneas. Era un antiguo insurgente, llamado Villareal. El viejo Villareal, buen charro y que en la guerra de independencia había lazado españoles, contó que había querido ir a traerse un yanqui prendido en la punta de su reata, para no quedar sin hacer algo en aquel gran día."
"Después del segundo combate que sería entre las diez y las once del día, cayó una ligera llovizna; los soldados toman algún respiro y a las doce vuelven a marchar de nuevo sobre las posiciones del enemigo... De nuevo se empeña la refriega, por ambos lados se multiplican los muertos y heridos, ninguno cede; el combate se prolonga por horas enteras y sólo al cabo de inauditos esfuerzos es cuando se logra acorralar al enemigo hasta su última posición... En aquellos instantes se suelta un fuerte aguacero; las tropas, muertas de cansancio, se detienen, la batalla ha cesado; la carga que acababa de dar, fue el postrer empuje de nuestras fuerzas. Uno y otro beligerante quedó inmóvil y silencioso bajo la inmensa oscuridad helada que envolvió el campo de batalla."
Había sido una terrible lucha. De nuestro lado tuvimos 694 muertos, mil 39 heridos y casi 300 prisioneros. Los gringos tuvieron 267 muertos y 456 heridos. Sobre todo, su artillería había destrozado a las columnas mexicanas. Ya sólo faltaba el último empujón, el esfuerzo final para acabar de una vez por todas con los invasores, atrincherados en su última defensa. Y Santa Anna, por ineptitud y cobardía, decide... ¡retirarse!. "Después de tan terrible jornada, nuestras tropas permanecieron sobre el campo conquistado al enemigo... Aunque todos comprendían que tendría que darse otra batalla para destruir por completo al adversario, arrojándole hacia el norte, después de escarmentarle enérgicamente, y aunque se esperaba que hiciera tenaz resistencia, había en nuestras filas el suficiente ánimo y la más completa resolución para batirse con el mismo denuedo con que habían peleado el día 23. Más cual sería la sorpresa, la cólera, la indignación, la amargura de todo el ejército al saber la orden de emprender violenta retirada en plena noche, después de los horrores y triunfos del día... entonces la abominable voz ¡traición! fue cuchicheada, murmurada, gritada, escupida en las sombras..."
"La retirada empezó a las 7 de la noche, partiendo primero los trenes y la artillería y en seguida la efectuaron los diversos batallones del ejército, descendiendo lentamente las lomas que con tantos esfuerzos y al precio de tanta sangre se habían conquistado." Cientos de heridos quedaron abandonados a su suerte sobre el campo de batalla. La desmoralización, el enfado y el desorden reinaban por todas partes. Durante dos días quedaron las tropas acampadas y el día 26 se emprendió la contramarcha, a través del desierto, hacia San Luis. "Después de quince jornadas en que el ejército fue regando el camino de enfermos, heridos, desertores y muertos, después de angustiosos días de fatiga, tristeza y desaliento, se llegó a aquella ciudad."
Pues bien, mientras los mandos mexicanos echaban toda la carne al asador por el lado de La Angostura, los gringos preparaban afanosamente su plan de ataque oriental, el cual tenía por objetivo tomar la ciudad de México avanzando, al igual que lo hiciera Cortés 300 años antes, desde la costa de Veracruz. Desde fines de 1845 estaban en aguas veracruzanas algunos barcos de la escuadra naval del Golfo, de los yanquis, como esperando algo. Cuando empezó formalmente la guerra en mayo de 1846, el bloqueo al puerto, por mar, empezó a ser efectivo con 2 fragatas, 3 corbetas, 2 vapores, 5 bergantines y una goleta. De tan pintorescos nombres, lo que nos queda claro es que los gringos usaron 13 barcos de guerra, de distintos tamaños, para dejar bloqueado al puerto de Veracruz. Si recordamos que por aquí entraba casi todo el comercio exterior, y por lo tanto los impuestos que éste dejaba, comprenderemos entonces lo que le dolía al gobierno mexicano la puntada yanqui.
Desde un principio, los intentos de desembarco en el Golfo, por parte de los gringos, fueron varios. Como también fueron varias las veces que los costeños los rechazaron. En agosto de 1846 lo intentaron en Alvarado, pero los recibieron a cañonazos, impidiéndoles así el desembarco. Días después lo intentaron en San Juan Bautista (hoy Villahermosa), tratando de entrar por el Grijalva, pero también fueron rechazados. Hasta que Santa Anna les cedió Tampico (reléase números pasados)
Por fin, el 8 de febrero de 1847, los habitantes del puerto de Veracruz vieron más de cerca algunos barcos de la escuadra de asalto del general Scott. El peligro era inminente, la ciudad sin duda iba a ser atacada y no había ni las municiones de guerra suficientes para la defensa, ni unas hilas, n una venda para restañar la sangre de los valientes que cayesen heridos. El comandante de ingenieros, Manuel Robles, empezó, leyó bien compañero lector, ya con el enemigo en la puerta, empezó a fortificar la plaza, con la ayuda de todo el pueblo.
Así, mientras el grueso del ejército mexicano andaba por san Luis y los habitantes de Veracruz preparándose noche y día para la defensa, en la ciudad de México era el desorden absoluto. Tomando un diario de la capital de esas fechas, podríamos leer lo siguiente: 12 de enero de 1847. Después de tres días de sesión permanente, el día 10 la Cámara de Diputados resolvió positivamente la ocupación de los bienes del clero...Las penurias de la hacienda pública, la necesidad de hacer frente a las exigencias de la guerra con los Estados Unidos, la imposibilidad de obtener recursos pecuniarios sin el apoyo del clero y la constante negativa de éste para colaborar en la resolución del problema, obligaron al Congreso a intervenir los bienes de manos muertas a través de su venta o hipoteca... Las autoridades se preparan para hacer frente a las manifestaciones de descontento que genere el decreto y aún a presiones mayores, en caso de que tengan lugar...
Pues bien, "las presiones mayores" fueron ni más ni menos que el levantamiento armado. El clero, sintiéndose amenazado con el gobierno del vicepresidente Gómez Farías y las leyes que éste dictaba para conseguir dinero, buscó el apoyo de la clase acomodada de la ciudad, la cual se encontraba organizada alrededor de los cuerpos de la Guardia Nacional, especie de milicias que servían para apoyar al ejército profesional, a las que se conocía popularmente con el nombre de "polkos". Gómez Farías ordenó a los polkos que partieran hacia Veracruz, pero estos pensaron, y no sin razón, que era una maniobra para alejarlos de la capital, por lo que en lugar de salir a pelear contra los gringos, se levantaron en armas contra el gobierno. Los regimientos titulados con ese nombre eran dos: el primero se llamaba Victoria, o los verdaderos polkos; éste se componía de la gente más rica, de la nobleza de pergaminos colorados y verdes, descendientes de España, y de los fanáticos. Estos caballeros se presentaban con el mayor lujo posible, teniendo que llevar u cargador para que les conduciera su fusil al cuartel. Usaban guantes para no lastimarse las manos con las armas de munición. Se peinaban a la romántica, con rizos, raya partida, pomadas, etc.; jamás habíamos visto un regimiento tan elegante. El segundo regimiento era el Hidalgo... éste lo componían casi todos los empleados del gobierno general. El regimiento de Independencia era casi exclusivamente de los artesanos de la capital, los cuales sirvieron para hacer el pronunciamiento.
El día 27 de enero se alzaron, tomando varios puntos de la ciudad. Ambos partidos comenzaron a levantar sus trincheras y fortificaciones y la mitad de la ciudad se preparó para luchar contra la otra mitad, mientras el ejército caminaba por remotos desiertos en busca del enemigo y los veracruzanos esperaban de un momento a otro ver en el horizonte las velas de las naves enemigas. Así, ambos bandos se la pasaron a tiros y cañonazos, haciéndole más daño a la población civil que entre ellos mismos, que estaban bien fortificados. Así se pasaron todo el mes de febrero y principios de marzo hasta que llegó Santa Anna y con regaños y componendas calmó la situación.
Veracruz, mientras tanto, sin tropas, sin municiones, sin recursos pecuniarios, abandonada de la República toda, se decidía a sucumbir luchando, antes que dar un triste ejemplo de cobardía.
Scott formó su fuerza de invasión con aproximadamente 100 embarcaciones, preparadas para acomodar a bordo a 13 mil hombres con todo su equipo, ganado y material de guerra. Los yanquis decidieron desembarcar en la playa del collado, como a tres kilómetros de Veracruz. El 9 de marzo, los gringos comenzaron lo que sería el primer desembarco naval de su historia. A las 10 de la noche, ya habían desembarcado cerca de 12 mil hombres, sin ninguna resistencia por parte de los mexicanos, pues éstos no tenían la fuerza suficiente para pelear fuera de la ciudad. Desde ahí, los yanquis comenzaron a rodear la ciudad y a colocar sus baterías de artillería contra ésta. Fue preciso dejarlo aprovechar algunas posiciones por la falta de tropa con que sostener las fortificaciones que se habían ideado para impedirlo. Las guerrillas hacían fuego en esos momentos y algunos de los enemigos mordieron el polvo de la tierra que pretendían hollar con su pie orgulloso.
ALEX MARTINEZ (BANDIDO)
ORGULLOSAMENTE TEAM AZTEC
P.D.
Felicidades por hacer tu sueño realidad a echarle ganas y no dejar morir la pagina.
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MEXICANBANDIDO
SECRETARIO DE DEFENSA AEREA
Joined: 07 Apr 2003, 11:27

23 May 2003, 03:31 #6

BIENVENIDO A ESTE FORO ALEX, Y MUY BUENA INFORMACION SOBRE LA BATALLA DE LA ANGOSTURA. OJALA Y SIGAS POSTEANDO AQUI CON MAS BATALLAS MEXICANAS Y EN GENERAL.

SALUDOS!!

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Guest

25 May 2003, 01:29 #7

Por Que el mensaje que coloque en respuesta a la batalla de la angostura lo compartes con los demas y dejas que aparezca el posting?
Sera por que soy BANDIDO
o por que me declare
ORGULLOSAMENTE
TEAM AZTEC?
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MEXICANBANDIDO
SECRETARIO DE DEFENSA AEREA
Joined: 07 Apr 2003, 11:27

25 May 2003, 04:43 #8

Saludos:
No te entendi la pregunta que haces? de cual mensaje hablas? todo lo que posteastes esta ahi, al menos que hayas puesto algo mas y no salio. pero yo no edito ningun posting y cuando lei el tuyo ya estaba posteado ya que no tengo el pre-screening antes de ponerse para correccion.
Me gustaria que volvieras a hacer la pregunta ya que la verdad no la entendi y asi aclarar dudas.
Respecto a que eres orgullosamente TEAM AZTEC no tiene nada que ver aqui, es mas les mando un saludo a todos y si no tienes inconveniente o Aldo te propongo ponerles un link de aztecmodels en la pagina m.a.f. Yo no tengo nada contra el TEAM AZTEC ni en tu persona (creo que eso ya lo aclaramos en un e-mail entre tu y yo ) asi que no creas que estoy metiendo mano a tus postings o de otras personas. Si deseas postear aqui eres bienvenido como todos los demas que quieran postear sin condicion alguna y bajo cualquier tema.
saludos desde Houston
Armando Chapa

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MEXICANBANDIDO
SECRETARIO DE DEFENSA AEREA
Joined: 07 Apr 2003, 11:27

25 May 2003, 20:15 #9

ME DISCULPO PUBLICAMENTE A MARTE, FRANCOTIRADOR1 Y ESPECIALMENTE ALEX MARTINEZ (BANDIDO) POR ESTE ERROR GARRAFAL QUE HE COMETIDO. DEBIDO A QUE ESTE FORO TIENE DIFERENTES TEMAS Y PORQUE CADA PAGINA TIENE SUS PROPIOS "FEATURES" PARA COSTUMIZAR LA PAGINA INDIVIDUALMENTE, AL MOMENTO DE HACER ESTA PAGINA NO QUITE EL "PRE-SCREENING" FEATURE Y SIN DARME CUENTA ESTA PAGINA ESTABA EN PRE-SCREENING O "APROBACION" POR EL WEBMASTER Y NO ME DI CUENTA YA QUE EN MI PANTALLA SALIAN TODOS LOS POSTINGS PERO NO ME DI CUENTA QUE TENIA UNA MARCA AL LADO QUE SIGNIFICA "ESPERA PARA APROBACION" HASTA AHORA. GRACIAS A ALEX QUE ME LLAMO LA ATENCION POR ESTO Y RENE HOYO ME INDICO QUE EN SU PANTALLA NO SALIA NADA CUANDO ENCONTRE ESTE ERROR. TOMO TODA LA CULPA DE ESTO Y ME DISCULPO ANTE LOS FORISTAS QUE POSTEARON AQUI, ESPECIALMENTE A ALEX YA QUE SU TRABAJO DE INVESTIGACION ESTA BIEN DOCUMENTADA E INFORMATIVA.
ALEX: ESPERO QUE NO LO TOMES PERSONAL Y HAYAS CREIDO QUE LO HICE A PROPOSITO, PERO COMO VERAS TAMBIEN HICE ESE ERROR CON OTROS FORISTAS ANTES QUE TU. OTRA VEZ LES PIDO DISCULPAS Y YO SOY EL UNICO QUE TOMO TODA LA CULPA QUE AUNQUE FUE UN ERROR SINCERO NO DEJA DE SER ERROR Y NADA MAS LES PIDO PACIENCIA YA QUE ESTOY "VERDE" EN ESTO Y CADA DIA ESTAMOS APRENDIENDO MAS ESPECIALMENTE DE LOS ERRORES.
SALUDOS
ARMANDO CHAPA

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AirborneGrunt
CABO
Joined: 19 Sep 2003, 09:46

19 Sep 2003, 02:46 #10

Hola a Todos:
La batalla de Angostura (la llamamos Buena Vista) era un pilar. Ambos lados lucharon airosamente y cada hombre dio su mejor esfuerzo. Pienso que Santa Ana habría podido ganar si él había renovado el ataque el día siguiente. En lugar, él se retiró.
Por favor,excuse mi español pobre.
Atentemente,
Ricardo Cooper-Soto
Teniente Coronel, 101st Abn. Div. 1966-1998
Vietnam, Panama, Granada, Golfo I
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