Extraido del periodico El Financiero

TEMA LIBRE DE CONFLICTOS MILITARES EN EL MUNDO Y SUS HISTORIAS
Guest

22 Jun 2004, 16:07 #1

Ni figuramos en los libros de historia: Bernardino Mendoza
José Nava
Martes, 22 de junio de 2004

• El Museo del Holocausto recuerda al Escuadrón 201.

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El Escuadrón Aéreo 201 en Greenville, Texas.
Por primera vez, un museo en nuestro país resguardará los testimonios del grupo de mexicanos que actuaron en la Segunda Guerra Mundial. A partir de hoy, el Museo Histórico Judío y del Holocausto Tuvie Maizel dará a conocer, en una de sus salas, la historia del Escuadrón Aéreo 201.
La inauguración de este sitio es, de distintas maneras, un reconocimiento a los cerca de 300 hombres que conformaron, con el Escuadrón Aéreo 201, la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana. Contar con un sitio en el que se muestre la historia de este grupo de militares, que izaron por primera ocasión la bandera mexicana en un frente de guerra internacional, no fue fácil. Ha sido una labor de muchos años, de muchos hombres. Uno de ellos es don Fernando Nava Musa.
Ingeniero en electrónica, don Fernando Nava Musa ha invertido tiempo y mucho dinero para que la gente conozca (y reconozca) el valor del Escuadrón 201. Tras retirarse después de 30 años de trabajar para la NASA, don Fernando Nava Musa volvió a México. Entre otras cosas, quería saber qué había pasado con sus antiguos compañeros del Escuadrón 201. Luego de rascarle tantito al asunto, se dio cuenta que no había pasado nada. Así que desde hace diez años se ha dedicado a dejarle "un pequeño legado" a México. "No sé por qué hay tanta resistencia -se pregunta- para dejar la historia como fue. No entiendo la actitud del gobierno, tanto militar como civil, de dejar la historia como fue." Y es que después de su regreso, en 1945, la mayor parte de estos hombres han sido olvidados.
La historia de don Fernando Nava Musa en el Escuadrón 201 es muy particular. Siendo estrictos, él no debió de haber viajado a Estados Unidos, mucho menos a Filipinas. Era apenas un niño cuando el entonces presidente Manuel Ávila Camacho solicitó al Congreso, en 1944, formalizar el estado de guerra en contra de las potencias del Eje (Italia, Alemania y Japón), tras el hundimiento -según se dice- por parte de los alemanes de los barcos petroleros Potrero del Llano (14 de mayo) y Faja de Oro (22 de mayo). Era apenas un niño cuyo padre, eso sí, formaba parte del ejército, por lo que conocía bien el uso de las armas.
Entre los 38 pilotos, cuatro oficiales de armas y 249 soldados de tierra de distintas especialidades que marcharon el 24 de julio de 1944 para recibir adiestramiento en campos militares de Texas y Idaho, en Estados Unidos, iba Jorge García Herrera, a quien el niño de 14 años Fernando Nava Musa conocía bien, pues aquél había sido chofer de su padre.
La mascota
"Cada mes -recuerda don Fernando Nava Musa- recibía una carta de García Herrera. En ellas me decía: «A ver cuándo vienes. Todo está bien aquí.» Eso me motivó a prepararme para ir y a finales de 1944 junté suficiente dinero para irlo a buscar. Un día le llamé por teléfono para decirle que ya estaba en Texas y no me lo creía. Cuando fue a recogerme al hotel no sabía qué hacer conmigo. Entonces dos amigos le sugirieron que me uniformaran y me metieran a la base. Por fortuna, cuando entramos no nos pidieron los pases. Fui como la mascota del grupo. Los seguía a todos lados desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. Cuando llegó el tiempo del abanderamiento [la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana fue abanderada el 22 de febrero de 1945] tuve una discusión con un compañero. El pleito se acrecentó y el comedor se convirtió en un barullo de mexicanos y estadounidenses."
Tras el altercado, los militares mexicanos fueron formados y el general Antonio Cárdenas Rodríguez, quien iba al frente del escuadrón, le solicitó a cada uno su expediente para luego señalarles su castigo. Al llegar con Nava Musa, preguntó: "¿Dónde está el expediente de este señor?" Y nadie dijo nada. Finalmente, Jorge García Herrera respondió con cierto carisma: "Lo que pasa es que es la mascota del Escuadrón." Y enseguida le explicaron todo. Con una autorización firmada por su padre, Nava Musa pudo viajar con el resto del grupo a Filipinas, donde se estableció la base de operaciones del Escuadrón 201.
Una vez que regresaron a México, en el otoño de 1945, los integrantes de la Fuerza Aérea Expedicionaria recibieron un homenaje en el Zócalo. Ante una gran multitud, presentaron su estandarte de batalla al comandante supremo (el presidente Manuel Ávila Camacho) y cada miembro de la unidad fue condecorado con la Medalla de Servicio en el Lejano Oriente. Pero luego de eso no pasó nada. Es más, muchos de ellos no fueron bien vistos dentro del ejército, por lo que varios solicitaron su baja. Uno de ellos fue don Fernando Nava Musa.
"Me retiré del ejército -dice- porque había muchas envidias hacia nosotros. Me retiré y me fui a estudiar ingeniería en electrónica a Estados Unidos. Cuando estaba a punto de graduarme se desató la guerra en Corea. Recibí una carta en la que me daban 15 días para abandonar el país si no quería registrarme al servicio militar obligatorio. Ya estaba casado y con un hijo. Lo que pensé en ese momento fue: «¿Qué le voy a decir a mi hijo cuando crezca y se entere que su padre huyó como un cobarde?» Entonces me enlisté en los marines. Al regresar de Corea continué mis estudios. Pero como estaba en la reserva me volvieron a llamar porque se desató la guerra contra Vietnam. Fue una lucha desastrosa en la que murió mucha gente en balde."
El teniente Bernardino Mendoza Hernández tenía 21 años cuando fue enterado de que debía viajar a Estados Unidos a recibir capacitación para, posteriormente, tomar parte en las acciones bélicas de la Segunda Guerra Mundial. En esos días era ayudante de mecánico. En 1962 se retiró del ejército siendo jefe de mantenimiento.
La bandera mexicana fue izada en tierras Filipinas el 2 de mayo de 1945, un día después de haber desembarcado en Manila. En el fuerte Stotsenburg y en Porac, en el área del Campo Clark, el Escuadrón 201 realizó el adiestramiento avanzado de combate. Sus misiones comenzaron el 4 de junio de 1945 y se prolongaron hasta un mes después. En ese tiempo, según información de la Secretaría de la Defensa Nacional, "condujo 53 misiones de combate en Luzón, apoyando a las fuerzas terrestres aliadas. De estas misiones, 45 fueron efectivas, con un alto porcentaje de impactos en el área del blanco. Muchos informes indican resultados buenos y excelentes."
A pesar de eso, dice don Bernardino Mendoza Hernández, para mucha gente los integrantes del Escuadrón 201 sólo se fueron a pasear. "Pero hubo quienes se enfermaron para no ir -recuerda-. Cuando regresamos, curiosamente, nuestros peores enemigos fueron nuestros compañeros de la Fuerza Aérea. Sobre todo aquellos que se quedaron, aquellos que lloraron o dieron dinero para que les inventaran una enfermedad y no ir. Conocí al médico que estuvo haciendo exámenes para todo el personal (en ese tiempo no había médicos militares) y me dio los nombres de algunos de esos camaradas, pero siempre me los reservé. Hoy ya hasta los olvidé."
Hay quienes han señalado que los primeros aviones que les fueron entregados eran casi de desecho. Eso ha llevado a suponer que fue un gesto de desprecio por parte de los estadounidenses hacia el grupo de mexicanos. Lo cierto es que los aviones del Escuadrón 201 tardaron en llegar desde Estados Unidos. En tanto, y para no estar sin hacer nada, solicitaron aviones que ya habían sostenido varios combates y estaban fuera de servicio por fallas. Los mecánicos mexicanos los hicieron volar. Uno de esos mecánicos era don Bernardino Mendoza Hernández: "Nos dieron aviones de desecho. Y entre todo el personal los pusimos en condiciones."
Ahora lamenta que luego de la fastuosa recepción que les brindaron a su regreso triunfal, ya nadie se acordó del Escuadrón 201. "Al otro día, y hasta la fecha, se les olvidó el escuadrón -dice-. Sólo gracias a nosotros mismos todavía estamos vivos. El supremo [el comandante supremo, el presidente] nos ha tenido olvidados. Ni siquiera figuramos en los libros de historia. Total, nosotros cumplimos con nuestro deber y ya ni modo lo que piense la gente o el gobierno."
Después de abandonar la Fuerza Aérea en 1962, don Bernardino Mendoza Hernández se ha dedicado a muchos menesteres. Un día hasta se convirtió en criador de marranos. También estuvo en una compañía que le prestaba servicios a la Conasupo. Luego fue supervisor técnico en esta dependencia gubernamental hasta que lo llevaron a la cárcel porque, según le dijeron, se robaba la leche. En realidad, supone, fue una medida para echarlo de la empresa. "Un día llegaron unos fulanos a armar un dengue y me dijeron: «Acompáñenos, sabemos que se está robando la leche.» «Caramba, tienen ustedes razón -les dijo- siempre llego a casa con las bolsas llenas de leche.» Así anduve un tiempo de aquí para allá. Ahora estoy como «ejecutivo b» en casa, al pendiente de mis nietos."
-¿La gente, en Filipinas, los trató bien?
-Siempre. Incluso hacíamos cambalache de cajetillas de cigarros por fruta. A veces las mujeres que vivían alrededor de la base nos lavaban la ropa. Es más, antes de regresarnos para México construyeron un pequeño monumento en honor a los que habían dejado la vida allá.
-Estando por allá, ¿se enamoró de alguna mujer?
-No, aunque algunas sí se enamoraron de mí.
Los conscriptos
Don Alfonso Cuéllar Ponce de León recuerda que cuando el presidente Manuel Ávila Camacho declaró el estado de guerra dijo textualmente, al dirigirse al pueblo, que "el estado de guerra era la guerra misma", por lo que se debía estar preparado. En ese entonces se inventó la conscripción. A los jóvenes que cumplían 18 años los mandaban a los cuarteles. "El servicio militar -dice- no era como hoy: un paseo. Antes se iba al cuartel y los muchachos la pasaban dura."
Al momento de ser escogido para su entrenamiento en Estados Unidos, don Alfonso Cuéllar Ponce de León tenía dos hijos y medio. No fue una decisión fácil aceptar la responsabilidad de viajar con el fin de participar en una guerra. Su familiar trataba de convencerlo para que desertara. ¿Por qué no lo hizo? Porque su madre, una mujer de carácter muy fuerte, le dijo: "Ya te metiste en esto y ahora cumples." Así, no tenía modo de echarse para atrás: "Eran las palabras de mi propia madre", dice.
Al llegar a Estados Unidos, a don Alfonso Cuéllar Ponce de León le tocó viajar a Idaho. Ahí le dieron a los mexicanos una recepción muy simpática: las muchachas del pueblo bailaban en la calle. Antes de la llegada del invierno, recibieron el material de vuelo, los aviones P-47. "Los pilotos tenían escalofrío -cuenta- de pensar en el P-47 porque era un avión muy pesado que estaba colgado de la hélice: si fallaba el motor se iba para abajo. Fueron aterrizando los aparatos y entonces se dieron cuenta que quienes piloteaban los aviones eran mujeres. Eso acabó con el nerviosismo de todos."
El 27 de marzo de 1945, el Escuadrón 201 salió del puerto de San Francisco, California, con destino a Manila, en el buque Fairisle. La travesía duró 33 días. "Cuando bajamos a tierra -recuerda don Alfonso Cuéllar Ponce de León- lo hicimos en lanchones de desembarco. La gran sorpresa es que en la isla nos esperaban el comandante de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y el representante diplomático de México, un cónsul filipino de nombre Carmelo, que había vestido a sus hijas con trajes de china poblana. Claro que ellas no iban a saludarnos de mano. Saludaron, eso sí, a los pilotos. Éstos se aprovecharon y hasta besuquearon a las hijas del cónsul. De ese lugar, en un ferrocarril de vía angosta llegamos a una región de la isla Uzón."
La comunicación con la familia era difícil. La correspondencia pasaba por estrictos controles de seguridad. Todas las cartas, después de ser censuradas, eran microfilmadas y enviadas a Estados Unidos. De ahí, eran nuevamente impresas y distribuidas a sus destinatarios. Eso dio lugar a varias anécdotas. Una de ellas la ha relatado el teniente piloto aviador Jaime Zenizo Rojas. "Se dio el caso -contó alguna vez- de que un periódico de circulación en la ciudad de México anunció mi muerte en batalla. Eso motivó una larga angustia y pesadumbre en mi familia hasta confirmarse la noticia de que me encontraba, como dicen, «vivito y coleando», 60 días después de haberse generado la falsa información."
-¿Ha sentido que existe un rechazo del ejército hacia la gente que formó parte del Escuadrón 201?
-Alguna vez nos quejamos de ello -responde don Alfonso Cuéllar Ponce de León- con el general Gaxiola, subjefe del estado mayor de Adolfo Ruiz Cortines, y nos dijo: «No se preocupen, es el celo profesional.»
El decano
Don Fernando Vergara García, a sus 92 años, es un hombre muy entusiasta. Asegura, con toda razón, que el tequila es una bendición. "A mí me decían -cuenta- El Negro Vergara. Nada más fallaba un avión y todo muerdo decía: «¡Oye, Negro, ven a ver qué tiene esta máquina». Y ahí estaba yo."
Don Fernando Vergara García es, sin duda, el decano de la Fuerza Aérea Mexicana. Siempre ha vivido por el rumbo de Balbuena. Por la cosa de estar cerca de los aviones. Aunque no es piloto sino mecánico, él fue el encargado de sacar el último avión de la base que ahí tenía lo que hoy es la Fuerza Aérea. Ahora las operaciones están concentradas en Santa Lucía.
-Cuando fui nombrado para ir a la guerra -recuerda- yo dije: «Pues vamos a darle». Tuvimos la oportunidad tan grande de ir y cumplir con lo que nos pidieron. Muy sabroso. Hicimos muy bien todo lo que teníamos que hacer. Ahora gozo de las fotografías y los recuerdos.
Don Fernando Vergara García tiene un espacio en la casa donde vive con su hijas (una de ellas, Aurora, médico militar, pediatra y especialista en herbolaria), al que nadie debe tocar. Ahí están aviones de metal, plástico, vidrio y muchas fotografías. Son sus recuerdos. "Esto es como un altar -dice-. Yo sé que todo lo que tengo aquí no vale nada. Luego vienen mis niñas y lo quieren quitar y no las dejo. Las cosas estorban, lo sé, pero procuraremos hacerles un lugarcito. «Esto no vale la pena», me dicen. «De veras que no, pero ahí déjalo», les respondo." De entre los aviones, don Fernando Vergara García saca un helicóptero que él mismo hizo con desechos de motor. "Si le doy cuerda más grande -dice-, a lo mejor se nos va."
-A la fecha -se ufana don Fernando Vergara García- ya no trabajo en nada. Ahora ando con mi corbata muy derecha y ya ni me rasuro.
-De su estancia en Filipinas, ¿qué es lo que más recuerda?
-Le entrábamos por la derecha a todo -responde-. Era cosa de entrarle a todo y darle. Nosotros teníamos un equipo al que debíamos atender como Dios manda. Los gringos decían: "Esos mexicanos son unos cabrones, no dejan aviones en tierra". Y luego de que los aparatos andaban volando, teníamos que ver cómo llegaba. Echarles una revisada. Éramos una pieza. Todos nos dimos cuerda, nos aguantábamos y nos ayudábamos. "Esos mexicanos son muy cuates todos", también decían. Pues sí, fuimos un grupo muy bonito. Nomás veíamos nuestra bandera y se nos enchinaba el cuero. Hicimos cosas muy buenas. Nos fue muy bien a todos. Con los P-47 me decían que era una chucha cuerera porque no les dolía un clavo. Para mí fue una bendición.
-¿Cuál fue el avión que más le gustaba?
-El P-47. Para mí fueron la pulpa en pecho. Los teníamos como un relojito. Yo cabía por todos lados. Me metía a los motores para verificar que no hubiera cables pelones. «Negro Vergara» para acá y «Negro Vergara» para allá. Al fin que a mí qué trabajo me costaba. Nomás era cosa de ponerles cinta de aislar y firmar en la bitácora. Viví muy a gusto con toda la palomilla por todos lados.
-¿Siente que no han tenido el reconocimiento que merecen?
-La verdad, no me acuerdo de haber hecho cosas de contar. Nuestra gente siempre anduvo trabajando por donde nos decían. Fuimos e hicimos todo lo que teníamos que hacer. ¿Miembro del Escuadrón 201? Sí, pero qué puedo contarle. Nada más obedecer órdenes y estar pendiente de lo que nos mandaban. Lo único que hicimos fue entrarle con ganas a todo.
El 1 de junio de 1945, el Escuadrón 201 sufrió la primera baja. Con apenas 20 años, murió el subteniente piloto aviador Fausto Vega Santander. Más tarde habrían de fenecer Mario López Portillo, Héctor Espinosa Galván, José Espinosa Fuentes y Pablo Rivas Martínez.
Aun así, hoy muchos mexicanos ignoran la existencia del Escuadrón 201, de los hombres que lo conformaron. Don Alfonso Cuéllar Ponce de León recuerda que durante una ceremonia a sus compañeros en Chapultepec, a un padre de familia que pasaba por ahí le preguntó uno de sus hijos:
-Papá, ¿qué fue el escuadrón 201?
-Pues un grupo de motociclistas acrobáticos, hijo.
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Guest

22 Jun 2004, 23:56 #2

Hola Arturo¡¡¡¡
Me parecio bastante interesante los que nos cuentas a cerca de este escuadron, tal vez llegaron demaciado tarde a la guerra, pero tambien, si hubiesen estado antes, posiblemente menos participantes hubieran regresado, pero bueno, es una lastima que no se les valore como se debe.
Saludos...
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